Hechos 7

Reina Valera 1909 (RV1909) · Español

1 EL príncipe de los sacerdotes dijo entonces: ¿Es esto así? 2 Y él dijo: Varones hermanos y padres, oid: El Dios de la gloria apareció á nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Chârán, 3 Y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven á la tierra que te mostraré. 4 Entonces salió de la tierra de los Caldeos, y habitó en Chârán: y de allí, muerto su padre, le traspasó á esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora; 5 Y no le dió herencia en ella, ni aun para asentar un pie: mas le prometió que se la daría en posesión, y á su simiente después de él, no teniendo hijo. 6 Y hablóle Dios así: Que su simiente sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían á servidumbre y maltratarían, por cuatrocientos años. 7 Mas yo juzgaré, dijo Dios, la nación á la cual serán siervos: y después de esto saldrán y me servirán en este lugar. 8 Y dióle el pacto de la circuncisión: y así Abraham engendró á Isaac, y le circuncidó al octavo día; é Isaac á Jacob, y Jacob á los doce patriarcas. 9 Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron á José para Egipto; mas Dios era con él, 10 Y le libró de todas sus tribulaciones, y le dió gracia y sabiduría en la presencia de Faraón, rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre Egipto, y sobre toda su casa. 11 Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos. 12 Y como oyese Jacob que había trigo en Egipto, envió á nuestros padres la primera vez. 13 Y en la segunda, José fué conocido de sus hermanos, y fué sabido de Faraón el linaje de José. 14 Y enviando José, hizo venir á su padre Jacob, y á toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. 15 Así descendió Jacob á Egipto, donde murió él y nuestros padres; 16 Los cuales fueron trasladados á Sichêm, y puestos en el sepulcro que compró Abraham á precio de dinero de los hijos de Hemor de Sichêm. 17 Mas como se acercaba el tiempo de la promesa, la cual Dios había jurado á Abraham, el pueblo creció y multiplicóse en Egipto, 18 Hasta que se levantó otro rey en Egipto que no conocía á José. 19 Este, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató á nuestros padres, á fin de que pusiesen á peligro de muerte sus niños, para que cesase la generación. 20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fué agradable á Dios: y fué criado tres meses en casa de su padre. 21 Mas siendo puesto al peligro, la hija de Faraón le tomó, y le crió como á hijo suyo. 22 Y fué enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus dichos y hechos. 23 Y cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino voluntad de visitar á sus hermanos los hijos de Israel. 24 Y como vió á uno que era injuriado, defendióle, é hiriendo al Egipcio, vengó al injuriado. 25 Pero él pensaba que sus hermanos entendían que Dios les había de dar salud por su mano; mas ellos no lo habían entendido. 26 Y al día siguiente, riñendo ellos, se les mostró, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os injuriáis los unos á los otros? 27 Entonces el que injuriaba á su prójimo, le rempujó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez sobre nosotros? 28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al Egipcio? 29 A esta palabra Moisés huyó, y se hizo extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos. 30 Y cumplidos cuarenta años, un ángel le apareció en el desierto del monte Sina, en fuego de llama de una zarza. 31 Entonces Moisés mirando, se maravilló de la visión: y llegándose para considerar, fué hecha á él voz del Señor: 32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Mas Moisés, temeroso, no osaba mirar. 33 Y le dijo el Señor: Quita los zapatos de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa. 34 He visto, he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído el gemido de ellos, y he descendido para librarlos. Ahora pues, ven, te enviaré á Egipto. 35 A este Moisés, al cual habían rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? á éste envió Dios por príncipe y redentor con la mano del ángel que le apareció en la zarza. 36 Este los sacó, habiendo hecho prodigios y milagros en la tierra de Egipto, y en el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta años. 37 Este es el Moisés, el cual dijo á los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor Dios vuestro de vuestros hermanos, como yo; á él oiréis. 38 Este es aquél que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sina, y con nuestros padres; y recibió las palabras de vida para darnos: 39 Al cual nuestros padres no quisieron obedecer; antes le desecharon, y se apartaron de corazón á Egipto, 40 Diciendo á Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque á este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido. 41 Y entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se holgaron. 42 Y Dios se apartó, y los entregó que sirviesen al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? 43 Antes, trajisteis el tabernáculo de Moloch, y la estrella de vuestro dios Remphan: figuras que os hicisteis para adorarlas: os transportaré pues, más allá de Babilonia. 44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios, hablando á Moisés que lo hiciese según la forma que había visto. 45 El cual recibido, metieron también nuestros padres con Josué en la posesión de los Gentiles, que Dios echó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David; 46 El cual halló gracia delante de Dios, y pidió hallar tabernáculo para el Dios de Jacob. 47 Mas Salomón le edificó casa. 48 Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano; como el profeta dice: 49 El cielo es mi trono, y la tierra es el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿ó cuál es el lugar de mi reposo? 50 ¿No hizo mi mano todas estas cosas? 51 Duros de cerviz, é incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros. 52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? y mataron á los que antes anunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; 53 Que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis. 54 Y oyendo estas cosas, regañaban de sus corazones, y crujían los dientes contra él. 55 Mas él, estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vió la gloria de Dios, y á Jesús que estaba á la diestra de Dios, 56 Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está á la diestra de Dios. 57 Entonces dando grandes voces, se taparon sus oídos, y arremetieron unánimes contra él; 58 Y echándolo fuera de la ciudad, le apedreaban: y los testigos pusieron sus vestidos á los pies de un mancebo que se llamaba Saulo. 59 Y apedrearon á Esteban, invocando él y diciendo: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 60 Y puesto de rodillas, clamó á gran voz: Señor, no les imputes este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.

Este comentario está en inglés, tal como fue publicado. El texto bíblico de arriba no se modifica.

Comentario — no es texto bíblico

Hechos 7:2-5

Ac 7:1-60. Defense and Martyrdom of Stephen.

In this long defense Stephen takes a much wider range, and goes less directly into the point raised by his accusers, than we should have expected. His object seems to have been to show (1) that so far from disparaging, he deeply reverenced, and was intimately conversant with, the whole history of the ancient economy; and (2) that in resisting the erection of the Gospel kingdom they were but treading in their fathers' footsteps, the whole history of their nation being little else than one continued misapprehension of God's high designs towards fallen man and rebellion against them.

2-5. The God of glory--A magnificent appellation, fitted at the very outset to rivet the devout attention of his audience; denoting not that visible glory which attended many of the divine manifestations, but the glory of those manifestations themselves, of which this was regarded by every Jew as the fundamental one. It is the glory of absolutely free grace.

appeared unto our father Abraham before he dwelt in Charran, and said, &c.--Though this first call is not expressly recorded in Genesis, it is clearly implied in Ge 15:7 and Ne 9:7; and the Jewish writers speak the same language.

Hechos 7:6-8

6-8. four hundred years--using round numbers, as in Ge 15:13, 16 (see on Ga 3:17).

Hechos 7:9-16

9-16. the patriarchs, moved with envy, sold Joseph into Egypt, but God was with him--Here Stephen gives his first example of Israel's opposition to God's purposes, in spite of which and by means of which those purposes were accomplished.

Hechos 7:17

17. But when--rather, "as."

the time of the promise--that is, for its fulfilment.

the people grew and multiplied in Egypt--For more than two hundred years they amounted to no more than seventy-five souls; how prodigious, then, must have been their multiplication during the latter two centuries, when six hundred thousand men, fit for war, besides women and children, left Egypt!

Hechos 7:20-22

20-22. In which time--of deepest depression.

Moses was born--the destined deliverer.

exceeding fair--literally, "fair to God" (Margin), or, perhaps, divinely "fair" (see on He 11:23).

Hechos 7:23-27

23-27. In Ac 7:23, 30, 36, the life of Moses is represented as embracing three periods, of forty years each; the Jewish writers say the same; and though this is not expressly stated in the Old Testament, his age at death, one hundred twenty years (De 34:7), agrees with it.

it came into his heart to visit his brethren--his heart yearning with love to them as God's chosen people, and heaving with the consciousness of a divine vocation to set them free.

Hechos 7:28-29

28-29. Wilt thou kill me, as thou didst the Egyptian yesterday?--Moses had thought the deed unseen (Ex 2:12), but it now appeared he was mistaken.

Hechos 7:30-34

30-34. an angel of the Lord--rather, "the Angel of the Covenant," who immediately calls Himself Jehovah (Compare Ac 7:38).

Hechos 7:35-41

35-41. This Moses whom they refused, saying, Who made thee a ruler and a judge, &c.--Here, again, "the stone which the builders refused is made the head of the corner" (Psa 118:22).

Hechos 7:42-50

42-50. gave them up--judicially.

as ... written in the book of the prophets--the twelve minor prophets, reckoned as one: the passage is from Am 5:25.

have ye offered to me ... sacrifices?--The answer is, Yes, but as if ye did it not; for "neither did ye offer to Me only, nor always, nor with a perfect and willing heart" [Bengel].

Hechos 7:51-53

51-53. Ye stiffnecked ... ye do always resist the Holy Ghost, &c.--It has been thought that symptoms of impatience and irritation in the audience induced Stephen to cut short his historical sketch. But as little farther light could have been thrown upon Israel's obstinacy from subsequent periods of the national history on the testimony of their own Scriptures, we should view this as the summing up, the brief import of the whole Israelitish history--grossness of heart, spiritual deafness, continuous resistance of the Holy Ghost, down to the very council before whom Stephen was pleading.

Hechos 7:54-56

54-56. When they heard these things they were cut to the heart, &c.--If they could have answered him, how different would have been their temper of mind!

Hechos 7:57-58

57-58. Then they cried out ... and ran upon him with one accord--To men of their mould and in their temper, Stephen's last seraphic words could but bring matters to extremities, though that only revealed the diabolical spirit which they breathed.

Hechos 7:59-60

59-60. calling upon God and saying, Lord Jesus, &c.--An unhappy supplement of our translators is the word "God" here; as if, while addressing the Son, he was really calling upon the Father. The sense is perfectly clear without any supplement at all--"calling upon [invoking] and saying, Lord Jesus"; Christ being the Person directly invoked and addressed by name (compare Ac 9:14). Even Grotius, De Wette, Meyer, &c., admit this, adding several other examples of direct prayer to Christ; and Pliny, in his well-known letter to the Emperor Trajan (A.D. 110 or 111), says it was part of the regular Christian service to sing, in alternate strains, a hymn to Christ as God.

Lord Jesus, receive my spirit--In presenting to Jesus the identical prayer which He Himself had on the cross offered to His Father, Stephen renders to his glorified Lord absolute divine worship, in the most sublime form, and at the most solemn moment of his life. In this commitment of his spirit to Jesus, Paul afterwards followed his footsteps with a calm, exultant confidence that with Him it was safe for eternity (2Ti 1:12).

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